La Crónica de Hoy | Defensa de la reforma hacendaria

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  (Aurelio Ramos Méndez)


Defensa de la reforma hacendaria
Aurelio Ramos Méndez | Opinión | Fecha: 2013-10-12 | Hora de creación: 01:04:13 | Ultima modificación: 01:04:13

Sin necesidad de tomar las calles para realizar marchas o plantones, apenas con un sencillo cabildeo en el Legislativo y  derecho de picaporte en instancias del Ejecutivo, diputados, senadores y líderes del PAN, en mancuerna con dirigentes del sector privado, intentan coronar su propósito de desteñir la reforma hacendaria.

Han tenido que aplicarse a fondo los legisladores del PRI, y sus aliados del PVEM, para tratar de impedir la total decoloración del paquete económico 2013, cuyo corazón es la reforma referida.

“Tenemos 120 días para que 2013 sea recordado como un año de grandes transformaciones, un año en que México se atrevió a despegar”, nos dijo a los mexicanos el presidente Enrique Peña Nieto, en ocasión de su Primer Informe de Gobierno.

“En los siguientes meses se estará decidiendo qué historia vamos a escribir en las siguientes décadas, es así de sencillo y así de trascendente”, añadió en aquella ocasión el mandatario.

Transcurrida ya la tercera parte de esos 120 decisivos días, en el Congreso los priistas libran una dura batalla para conservar los rasgos esenciales del proyecto fiscal presidencial. La pelea ya es cuerpo a cuerpo, al punto de que Emilio Gamboa Patrón expresó sin perífrasis: “Quiero preguntarle a Ernesto Cordero: ¿A qué intereses está obedeciendo?”.

Dio en el clavo el coordinador de los senadores priistas. Cordero está convertido en el más rudo contradictor del proyecto hacendario de Peña Nieto, con una actitud que obliga a preguntar qué intereses sirvió a su paso por la Secretaría de Hacienda y cuáles hubiera servido, de haber llegado a la Presidencia.

Por lo pronto, en la Cámara baja ya fueron acordados cerca de 25 “ajustes” y “correcciones” a la Ley de Ingresos, y, por consiguiente, a la reforma que fue presentada en Los Pinos, entre atronadores aplausos, el 8 de septiembre.

Se trata de cambios convenidos por las tres principales fuerzas políticas, pero a instancias del blanquiazul y por gestiones de Juan Pablo Castañón, Gerardo Gutiérrez Candiani y otros representantes del sector privado cuyo objetivo es tumbar la propuesta de eliminar la figura de la consolidación fiscal.

La iniciativa elaborada por Luis Videgaray entrará la próxima semana en fase decisiva, pues deberá quedar aprobada antes del 20 de octubre.

Ya puede darse por hecho, sin embargo, la poda de sus aristas en efecto lesivas para las clases media-baja y media-media, aunque sin pasarles el sombrero a los desmesuradamente ricos.

Al proyecto con el cual se buscaba recaudar el año próximo 240 mil millones adicionales para financiar programas sociales le han sido borrados el IVA en colegiaturas, rentas e hipotecas, diferida en varios años la homologación de este mismo gravamen en las fronteras, y diluido entre toda la sociedad el pesito que se buscaba cobrarles por litro de refresco a las transnacionales que prometen la chispa de la vida y sólo aportan obesidad.

Entre los cambios ya acordados, aunque en espera de votación por diputados y senadores, están asimismo el aumento progresivo de ISR, por encima de 32 por ciento, para ingresos superiores a 43 mil pesos mensuales. Y la eliminación de gravámenes a la minería, rubro que con anuencia de las autoridades opera en condiciones más oscuras que el carbón.

Dirigentes y legisladores del PAN depusieron por unos días su rebatiña por el dinero público y los pleitos de verduleras para acometer, con todos los recursos a su alcance, la ofensiva contra la reforma hacendaria.

Con Cordero como mariscal y el histriónico Gustavo Madero navegando entre el pactismo y la intransigencia, los panistas le declararon la guerra a la reforma, y no los convencen las modificaciones ya acordadas.

Es evidente. Se oponen no a los perjuicios que la iniciativa efectivamente entrañaba para los sectores populares y de clase media, sino a la propuesta de suprimir la consolidación fiscal, con la cual se busca al menos dificultar la evasión y elusión de las grandes corporaciones.

En su furibunda embestida el ex titular de Hacienda exigió retirar de plano la propuesta presidencial, mientras Luis Alberto Villarreal hablaba de “guerra santa”, Fernando Rodríguez Duval proponía tomar la calle, Jorge Luis Preciado repartía volantes y Mario Sánchez Ruiz filtraba documentos con mentirosos acuerdos de comisiones legislativas.

Otros muchos diputados y senadores panistas –José Isabel Trejo, Roberto Gil, Gabriela Cuevas— daban la impresión de estar dispuestos a inmolarse en aras de servir los intereses de la élite del sector privado.

A la luz de la embestida de la élite económica contra la pálida reforma hacendaria, es claro que erraron los estrategas del Ejecutivo al haber desempolvado el ideario de Lázaro Cárdenas sobre el punto de la participación de particulares en la industria petrolera.

Si, como dijo el Jefe del Estado, se proponía hacer que paguen más quienes más tiene, aquellos estrategas hubieran atinado retomando fragmentos de la proclama de Cárdenas tras la expropiación de 1938. Habría sido una manera enérgica de aludir a los insaciables grupos económicos de la actualidad.

Hubieran podido retomar, por ejemplo, el vehemente llamado del divisionario de Jiquilpan cuando expresó:

“Pido a la nación entera un respaldo moral y material suficiente para llevar a cabo una resolución tan justificada, tan trascendente y tan indispensable” como la expropiación.

O aquella con la cual explicó la bonanza de las riquísimas compañías petroleras, cuyos abusos paraba en seco la histórica medida:

“Riqueza potencial de la nación, trabajo nativo pagado con exiguos salarios, exención de impuestos, privilegios económicos y tolerancia gubernamental son los factores del auge de la industria del petróleo en México”.

Claro que para eso se requería una reforma hacendaria de gran alcance, en la cual no fuese sólo retórica el propósito de que paguen quien más tiene. Y una alianza genuina con los sectores populares, no con las élites.

Sólo en esas circunstancias el gobierno peñista hubiera podido, como hizo Cárdenas, “demandar de la nación entera el apoyo moral y material necesarios para afrontar las consecuencias de una determinación (la expropiación) que no hubiéramos deseado ni buscado por nuestro propio criterio”, sino que fue inducida por la prepotencia de los afectados por la expropiación.

Como quiera que sea, la iniciativa de reforma hacendaria culminará su trámite la próxima semana. Sólo cabe esperar que tengan éxito quienes libran la batalla por la conservación de sus rasgos más audaces.

aureramos@cronica.com.mx

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